Un cuento Taoísta y una mirada desde el Focuisng




La Perla Perdida

El Emperador Amarillo fue paseando

al Norte del Agua Roja

a la montaña de Kwan Lun. Miró a su alrededor

desde el borde del mundo. Camino a casa

perdió su perla del color de la noche.

Mandó a la Ciencia a buscar su perla, y no consiguió nada.

Mandó al Análisis a buscar su perla, y no consiguió nada.

Mandó a la Lógica a buscar su perla, y no consiguió nada.

Entonces preguntó a la Nada, ¡y la Nada la tenía!

El Emperador Amarillo dijo:

«¡ Es en verdad extraño: la Nada

que no fue mandada

que no trabajó para encontrarla

tenía la perla del color de la noche!»


La perla no se encuentra buscándola

Un cuento taoísta con una mirada  "Focusing"

Hoy quiero compartir un cuento taoísta que  resonó de una manera especial en mí.

 Me gustan los cuentos porque muchas veces dicen, con muy pocas palabras, aquello que resulta difícil expresar conceptualmente.

Al leer este relato nació en mí una intuición. No porque el cuento hable de Focusing —sería un error afirmarlo— sino porque encuentro una profunda semejanza en la actitud con la que ambos se acercan a la experiencia humana.

A veces me pregunto:

¿Desde dónde escriben los poetas?

¿Desde dónde nacen esas palabras que logran conmovernos?

Pienso que las palabras más vivas no nacen solamente de las ideas sino de un proceso vivo que todavía está desplegándose y que al encontrar una simbolización adecuada, puede seguir adelante.". Eugene Gendlin decía que las palabras no sólo describen la experiencia; cuando encuentran la forma justa permiten que el proceso continúe. Las palabras funcionan cuando ayudan a que aquello que está vivo encuentre una forma de decirse. Las palabras participan en el proceso de la experiencia y pueden hacerla avanzar

Tal vez por eso la literatura nos conmueve tanto. Porque muchas veces nace de ese mismo lugar al que el Focusing nos invita a acercarnos: un lugar donde la experiencia todavía está viva y buscando su propia expresión. Las palabras no están antes sino mas bien se forman después


El borde del mundo

El cuento comienza diciendo que el Emperador Amarillo llegó hasta el borde del mundo.

Esa imagen me conmueve.

Me recuerda ese lugar desde donde muchas veces comienza un proceso de Focusing.

No un borde geográfico, sino el borde de nuestra experiencia: el límite donde termina lo que ya sabemos y comienza a sentirse algo que todavía no tiene palabras.

Aquí aparece una pregunta que me gustaría desarrollar más adelante.

¿Cómo entiende Gendlin ese borde? ¿Cómo lo entendemos nosotros?

Durante mucho tiempo imaginé ese borde como una frontera entre la conciencia y el inconsciente. Sin embargo, al profundizar en Gendlin, fui descubriendo que él propone otra mirada. No habla de dos regiones separadas, sino de un proceso que ya está siendo vivido corporalmente y que todavía no encontró las palabras que le permitan desplegarse.

El borde aparece allí donde lo ya simbolizado se encuentra con aquello que permanece implícito en nuestra experiencia y aún no encontró una forma de decirse.

Ese borde no es un lugar del cuerpo ni un sitio de la mente al que podamos señalar. Es una experiencia. La reconocemos cuando sentimos que "hay algo más", aunque todavía no sepamos decir qué es.

En ese punto nuestros conceptos ya no alcanzan. No porque la razón haya dejado de ser valiosa, sino porque la experiencia va un paso por delante de nuestras explicaciones. Pensar sigue siendo necesario, pero allí necesitamos otra actitud: detenernos, escuchar y confiar en que la experiencia puede encontrar, desde sí misma, el modo de seguir desplegándose.

El borde no es el límite del conocimiento; es el lugar donde puede surgir algo nuevo.

Ese es, justamente, el lugar donde comienza el Focusing.

Todos conocemos esa experiencia.

Sabemos que algo nos pasa.

Pero todavía no sabemos decir qué.

No es una emoción claramente definida.

No es una idea.

No es un recuerdo.

Es una sensación global, difícil de describir y, sin embargo, profundamente real.

Gendlin la llamó sensación sentida (felt sense).

No es una emoción aislada. eso que es reconocible y podemos nombrar (quizás el emperador  sintió enojo ante la perdida)

Tampoco un sentimiento, esa experiencia ya simbolizada (quizás el emperador dijo :estoy triste ante la perdida)

Es la manera en que toda una situación de nuestra vida está siendo vivida por nuestro cuerpo antes de que podamos comprenderla completamente.

La Pausa

Al volver una y otra vez sobre el cuento, hay un detalle que cada vez me conmueve más: La pausa.

El Emperador llega al borde del mundo y, en la tranquilidad de la noche, se detiene. Me gusta imaginar que es precisamente esa detención la que le permite advertir que ha perdido la perla. Tal vez, si hubiera seguido caminando, ocupado en llegar a otro lugar, nunca habría percibido la pérdida.

Esta es, por supuesto, mi manera de leer el cuento. Pero es justamente allí donde encuentro un profundo punto de encuentro con el Focusing. Muchas veces vivimos corriendo de una situación a otra, buscando respuestas, soluciones o explicaciones. Sin embargo, mientras seguimos avanzando, hay aspectos de nuestra experiencia que permanecen silenciosos, sin encontrar un lugar donde manifestarse.

La pausa cambia esa relación con la experiencia. No porque produzca algo nuevo, sino porque crea las condiciones para que podamos percibir lo que ya estaba allí, aunque todavía no lo habíamos advertido.

En Focusing, detenernos no significa dejar de pensar ni abandonar la razón. Significa hacer un espacio para escuchar de otra manera. Es una actitud de espera y de presencia. En esa pausa comienza a sentirse algo que todavía no tiene una forma clara, pero que ya está vivo en nosotros.

Quizás por eso el borde y la pausa están profundamente unidos. Al llegar al borde de lo que ya sabemos y detenernos allí, la experiencia encuentra la oportunidad de seguir desplegándose. Y, poco a poco, aquello que era apenas un "algo" empieza a tomar forma.

La pausa no hace aparecer la perla; hace visible la pérdida. Y solo cuando la pérdida puede sentirse, comienza el camino hacia el encuentro.

La perla perdida

El cuento dice que el Emperador perdió su perla del color de la noche.

Intento imaginar esa escena.

¿Qué habrá sentido?

Quizás inquietud.

Quizás la sensación de que algo importante faltaba.

Tal vez comenzó a buscar desesperadamente en todo aquello que ya conocía.

Y mientras imagino esa búsqueda me pregunto:

¿No hacemos nosotros algo parecido?

Sentimos que algo no está del todo bien.

No sabemos exactamente qué es.

Pero queremos resolverlo cuanto antes.

¿Será que eso que todavía no podemos nombrar pertenece a lo que Gendlin llama lo implícito?

No como algo escondido dentro de nosotros, sino como un proceso vivo que todavía no encontró la forma de expresarse.


La búsqueda

Entonces el Emperador envía a la ciencia.

Aquí me detengo.

Cuando algo nos preocupa solemos acudir primero a aquello que conocemos.

Vamos al médico.

Buscamos información.

Intentamos comprender.

Y eso está bien.

La ciencia es necesaria.

Después envía al análisis.

También hacemos eso.

Buscamos explicaciones.

Conceptos.

Interpretaciones.

Queremos entender qué nos pasa.

Más tarde envía a la lógica.

Intentamos ordenar todo racionalmente.

Pensamos.

Comparamos.

Sacamos conclusiones.

Tampoco hay nada malo en ello.

La ciencia, el análisis y la lógica son herramientas extraordinarias.

No fracasan porque sean malas.

Fracasan porque buscan la perla como si fuera un objeto que pudiera localizarse, analizarse y finalmente capturarse.

Pero hay experiencias humanas que no aparecen de esa manera.

Hay algo que sólo comienza a mostrarse cuando dejamos de intentar dominarlo desde el pensamiento.

Eso ocurre muchas veces en Focusing.

Como acompañantes no rechazamos el pensamiento.

Simplemente sabemos que llega un momento en que hace falta otra actitud.

Una actitud más pausada.

Más cercana al cuerpo.

Más abierta.


La nada

Entonces el cuento da un giro inesperado.

Dice que el Emperador preguntó a la nada.

No dice que la nada salió a buscar la perla.

Dice que le preguntó.

Ese detalle cambió completamente mi manera de leer este relato.

Buscar y preguntar no son lo mismo.

Buscar supone que ya sabemos qué estamos intentando encontrar.

Preguntar abre un espacio para que aparezca algo que todavía no conocemos.

En Focusing ocurre algo semejante.

No interrogamos al cuerpo para obligarlo a responder.

No le exigimos que nos diga inmediatamente qué nos pasa.

Permanecemos junto a esa sensación que todavía no tiene una forma clara.

La escuchamos.

La acompañamos.

Y aquí aparece una pregunta muy importante para quienes acompañamos procesos.

¿Cómo ayudamos a una persona a permanecer en esa "nada" sin apresurarse a salir de allí?

Quizás con preguntas sencillas.

¿Cómo es esa sensación?

¿Dónde la sentís?

¿Tiene una forma?

¿Tiene una temperatura?

¿Tiene un movimiento?

Poco a poco, aquello que parecía vacío comienza a mostrar que nunca fue un vacío.

Era un proceso vivo esperando ser escuchado.


La perla aparece

Entonces ocurre algo sorprendente.

No porque nosotros encontremos la respuesta.

Sino porque el propio proceso comienza a responder.

Quizás eso sea la "nada" del cuento.

No un vacío.

No una ausencia.

Sino un espacio de disponibilidad donde dejamos de imponer nuestras respuestas para permitir que la experiencia encuentre las suyas.

La perla no estaba perdida para la vida.

Estaba perdida para nuestra manera habitual de buscar.

Tal vez esa sea una de las resonancias más profundas que encuentro entre este antiguo cuento taoísta y el Focusing.

No porque hablen el mismo lenguaje.

Sino porque ambos parecen confiar en algo muy parecido: que la vida posee una sabiduría propia y que, cuando aprendemos a escucharla con paciencia, ella misma encuentra el siguiente paso.

El verdadero hallazgo

Después de acompañar muchos procesos de Focusing, cada vez siento con más fuerza que las personas no recuperan solamente una respuesta. Recuperan algo mucho más profundo: la posibilidad de volver a encontrarse consigo mismas.

Es como un niño que durante mucho tiempo creyó estar perdido. No porque hubiera desaparecido, sino porque nadie se detenía a mirarlo.

Hay un antiguo cuento que siempre vuelve a mi memoria. Habla de un hombre que soñó repetidas veces que encontraría un tesoro en un país lejano. Después de un largo viaje llegó al lugar indicado. Allí conoció al dueño de la casa, quien, al escuchar su historia, sonrió y le respondió:

—¡Qué ocurrencia! Yo también sueño muchas veces que, en una casa de Prusia, debajo de una higuera junto a un aljibe, hay un tesoro enterrado. Pero no por eso voy a emprender semejante viaje.

Al oír esas palabras, el hombre comprendió. Regresó a su hogar, cavó bajo la higuera de su propio patio y allí encontró el tesoro que había buscado tan lejos.

En Focusing ocurre algo semejante.

No porque el tesoro estuviera escondido "dentro" de nosotros como un objeto esperando ser descubierto, sino porque el recorrido nos permite reconocer una experiencia que siempre estuvo siendo vivida y que había quedado cubierta por el ruido, las explicaciones y la urgencia de resolver.

Cuando permanecemos junto a nuestro sentir corporal con respeto, paciencia y sin exigir respuestas inmediatas, algo comienza a relajarse. La experiencia ya no necesita gritar para ser escuchada. Poco a poco vuelve a desplegarse con su propio ritmo.

Tal vez la perla nunca estuvo realmente perdida.

Lo que se había perdido era el contacto con nuestro modo más vivo de experimentar la situación.

Nada había desaparecido.

Faltaba una mirada.

Mirada desde la práctica 

Quizá, al llegar hasta aquí, alguien se pregunte cómo ocurre esto en la práctica.

 Por eso voy a contar mi experiencia Muchas veces el consultante llega con su problema perfectamente relatado. Lo ha pensado una y otra vez. Viene dando vuelta con el y no puede salir del atolladero  Analiza, busca explicaciones, intenta comprender por qué le sucede lo que le sucede. Su historia está presente y merece ser escuchada con todo respeto. Escuchamos, reflejamos, intentamos comprender su mundo tal como él lo vive afinamos nuestro oído y esta es nuestra gran herramienta, esa actitud de aceptación de escucha. Por eso  Gendlin lo menciona en su libro Focusing (Proceso y técnica del enfoque corporal ) En un capitulo llamado el escuchar absoluto 

Pero, mientras todo eso sucede, también prestamos atención a otra cosa.

A veces, en medio del relato, aparece un instante diferente. ...una palabra que vuelve una y otra vez, como si quisiera ser escuchada." Un silencio inesperado. Un suspiro. Una emoción que apenas asoma y que el consultante pasa por alto para volver inmediatamente al análisis a la mente a su vieja y conocida aflicción.

Es allí donde la invitación a la pausa cobra sentido.

No para interrumpir el relato, sino para ofrecer un pequeño espacio donde esa experiencia pueda sentirse un poco más. A veces la invitación es simplemente relajarse, respirar y recorrer el cuerpo con calma. Otras veces alcanza una pregunta sencilla: "¿Cómo se siente todo eso ahí, en este momento?". Después esperamos. Sin apuro.

No siempre ocurre de inmediato. Sobre todo cuando alguien nunca antes ha prestado atención a ese borde de su experiencia. Es frecuente que vuelva otra vez al pensamiento, y eso también es recibido con respeto. Entonces, con paciencia, buscamos una nueva manera de acompañar aquello que había comenzado a insinuarse.

Cada acompañante encuentra sus propias palabras. Algunos invitan a saludar esa sensación. Otros proponen simplemente reconocer que está allí y permanecer a su lado por unos instantes. Las frases pueden cambiar. Lo esencial no está en la fórmula.

Lo verdaderamente importante es la interacción viva con la sensación sentida.

Con el tiempo comprendí que acompañar no consiste en conducir al otro hacia un lugar predeterminado. Consiste en ofrecer una presencia suficientemente tranquila para que la experiencia encuentre, a su propio ritmo, la posibilidad de desplegarse.

Quizá esa sea la enseñanza más profunda del viejo cuento taoísta. Lo que buscamos no estaba perdido en un lugar lejano. Esperaba, silenciosamente, en ese espacio interior que tantas veces pasamos por alto. Y cuando alguien nos acompaña a detenernos allí, aunque sea por un instante, puede comenzar un movimiento nuevo, un paso adelante que no nace de una explicación más, sino del encuentro vivo con lo que nuestro cuerpo ya sabía. 

Aquí me detengo en lo dicho, muchas veces se dice "tu cuerpo sabe" o tiene la respuesta o consúltale a tu sabiduría corporal, y si se ponen  a pensar o sentir verán que tal vez convenga precisar un poco esa expresión , no vamos a ese lugar como un receptor de contenidos, en realidad lo implícito vive en la interacción del del cuerpo con todo lo demás con la situación que le toca vivir con el pasado, con el ahora y con el futuro. 

Algo que resume esto es el siguiente párrafo:

El cuerpo no tiene una respuesta guardada de antemano; vive una situación que es mucho más amplia que cualquier explicación que podamos dar de ella. Cuando nos detenemos a sentir esa situación, y encontramos palabras que realmente resuenan con ella, el proceso puede dar un paso nuevo como acompañantes cuando lo notamos en nuestro consultante, sabemos que vamos por buen camino. Eso es lo que Gendlin llamó un carrying forward: no descubrir una respuesta escondida, sino permitir que la vida continúe su movimiento.



Referencias:

  • Bibliografía PhD Eugene Gendlin Ref. Arts. "La Derivación del espacio", "Cuerpo, lenguaje y situación.
  • Referencia: experiencias personales y de acompañamiento en consulta .
  • Edición y corrección, literaria colab. Chat Gpt
  • Imagen;  De Chuang Tzu, acuarela  tomada de la web, libre de derechos.
  • Chuang Tzu. «La Perla perdida».- «Por el camino de Chuang Tzu».- versión y recreación de Tomas Merton.

  • Reflexiones sentidas

  • Diego Cuenca | Counselor & acompañante en Focusing

  • Acompañando desde la experiencia

  • 1159723545

 

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