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Ese algo que toca la Puerta

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  Diego Oscar Cuenca Reflexiones sentidas Ese algo que toca la puerta Hay algo en nosotros que trabaja en silencio. No sé si llamarlo profundo, porque cuando decimos “profundo”, muchas veces imaginamos algo escondido muy adentro, como si tuviéramos que ir a buscarlo a algún lugar. Quizás sea más sencillo que eso. Hay algo que está ahí, pero que muchas veces no percibimos. Sin embargo, podemos sentirlo de esa manera en que decimos: “No sé qué es, pero hay algo.” Algo con lo que todavía no estamos en contacto y que, sin embargo, se hace notar. Y cuando digo “ahí”, tampoco quiero decir que esté guardado en algún lugar del cuerpo, como si el cuerpo fuera un recipiente y eso estuviera adentro. Está en el cuerpo, sí, pero no como algo separado de nosotros. Es un cuerpo que está en relación con aquello que estamos viviendo. Y acá aparece una dificultad con las palabras. Decimos “yo y lo demás”, “yo y el mundo”, “yo y la situación”. Pero apenas lo decimos, ya parece que hubiera un yo por u...

Desde lo implícito hacia la confianza del proceso

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  Diego Oscar Cuenca 1.      Desde lo implícito hacia la confianza del proceso Hay experiencias que sabemos que nos están diciendo algo, aunque todavía no podamos decir qué. No son simplemente emociones ni pensamientos. Son una manera en que el cuerpo ya está viviendo una situación completa, antes de que encontremos las palabras. A veces creemos saber “de qué se trata”, pero cuando intentamos decirlo con precisión, algo no encaja. Las palabras suenan aproximadas, pero el cuerpo no asiente del todo. Esta distancia entre lo que decimos y lo que se siente es un punto central para comprender lo que Eugene Gendlin llamó  lo implícito . Lo implícito no es algo confuso porque falte información. Es vago porque todavía  no ha encontrado la forma exacta de decirse . 2.      ¿Qué entendemos por “implícito”? Una confusión frecuente consiste en pensar que lo implícito es un contenido oculto o reprimido que alguien debe descubri...

La perla perdida: una lectura experiencial desde el Focusing. Versión enfocada

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    Diego Oscar Cuenca La perla perdida: una lectura experiencial desde el Focusing. Este trabajo propone una lectura del cuento taoísta "La Perla Perdida" desde la perspectiva del Focusing desarrollado por Eugene Gendlin. No pretende afirmar una filiación histórica entre el taoísmo y el Focusing, sino explorar las resonancias que surgen cuando ambos se ponen en diálogo. La Perla perdida El Emperador Amarillo emprendió un viaje hacia la zona norte del Agua Roja, a la montaña de Kwan Lun. Pudo tender la vista desde el borde del mundo. De regreso a su casa perdió su perla color de noche. Envió a la Ciencia en busca de su perla, y nada. Envió al Análisis a buscarla, y nada. Envió a la Lógica a buscarla, y nada. ¡Preguntó al fin a la Nada y la Nada la tenía! El Emperador Amarillo se dijo entonces: «Extraño, en realidad: la Nada que no fue enviada, que no trató de hallarla, ella tiene el perl...

Un cuento Taoísta y una mirada desde el Focuisng

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La Perla Perdida El Emperador Amarillo fue paseando al Norte del Agua Roja a la montaña de Kwan Lun . Miró a su alrededor desde el borde del mundo. Camino a casa perdió su perla del color de la noche. Mandó a la Ciencia a buscar su perla, y no consiguió nada. Mandó al Análisis a buscar su perla, y no consiguió nada. Mandó a la Lógica a buscar su perla, y no consiguió nada. Entonces preguntó a la Nada, ¡y la Nada la tenía! El Emperador Amarillo dijo: «¡ Es en verdad extraño: la Nada que no fue mandada que no trabajó para encontrarla tenía la perla del color de la noche!» La perla no se encuentra buscándola Un cuento taoísta con una mirada  "Focusing" Hoy quiero compartir un cuento taoísta que  resonó de una manera especial en mí.  Me gustan los cuentos porque muchas veces dicen, con muy pocas palabras, aquello que resulta difícil expresar conceptualmente. Al leer este relato nació en mí una intuición. No porque el cuento hable de Focusing —sería un error afirmarlo— sino po...

No todas las caricias son físicas (y el cuerpo lo sabe)

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  No todas las caricias son físicas (y el cuerpo lo sabe) Diego Cuenca Reflexiones sentidas #1 Quiero contarte algo. Trabajo acompañando personas. Soy counselor y utilizo una herramienta que se llama Focusing, una forma de escuchar que no se queda solo en las palabras, sino que va un poco más adentro… hacia el cuerpo, hacia esas sensaciones vagas que a veces no sabemos bien cómo explicar, pero que están ahí. Y pasa algo muy lindo: cuando una persona se detiene a escucharse de verdad, algo empieza a aflojarse. Lo que estaba trabado se mueve. Aparecen comprensiones, alivio… y, muchas veces, una sensación de volver a uno mismo. Escucharse sana. Ser escuchado también. Pero hay algo más que vengo notando en todo este tiempo. Tiene que ver con las  caricias . No solo las caricias físicas. También esas otras: las que llegan con una palabra, con un gesto, con una presencia que no invade pero está. Las que te hacen sentir, aunque sea por un momento:  “acá estoy, y alguien me ve” ....