Acompañar el proceso vivo: cuerpo, palabras y situación



Breve introducción 

 A :Cuerpo Lenguaje y Situación De Eugene Gendlin

Por Diego Cuenca 

Enero del 2026

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 Acompañar el proceso vivo: cuerpo, palabras y situación

Cuando acompañamos, estamos con una persona. Esto puede parecer obvio, porque de

eso se trata nuestro trabajo. Y sin embargo, muchas veces acompañar se confunde con

buscar respuestas lógicas, con ordenar un problema, con encontrar el punto justo que

confirme que entendimos bien cuál es el meollo del asunto.

Esta invitación es a soltar, al menos por un momento, esas estructuras conocidas que nos

dan seguridad. No porque estén mal, sino porque no siempre ayudan a que algo más

profundo pueda mostrarse.

Cuando una persona trae su relato, suelen aparecer palabras que se repiten, que vuelven

una y otra vez, a veces solapadas en lo que dice. No son casuales. Esas palabras suelen

estar conectadas con algo que todavía no está del todo dicho, con una experiencia que

está abierta.

A veces puede ayudar hacer una pausa y acompañar a que la persona escuche cómo se

siente eso en su cuerpo. Lo que aparece ahí no suele ser claro ni lineal. Puede ir y venir,

cambiar, moverse como en zigzag. Y es frecuente que nuestra mente lógica pregunte:

¿por dónde va esta persona?, ¿cuál es el núcleo de su problema para poder atenderlo del

modo correcto?

También eso puede ser acompañado. En lugar de apurar una comprensión, podemos

quedarnos ahí y preguntar, con cuidado, cómo se siente todo eso en el cuerpo. Y quizás

la persona no sepa todavía cómo decirlo. No tenga la palabra. Pero sí sepa que hay algo.

Acompañar, entonces, no es encontrar la palabra justa, sino ayudar a tantear una palabra.

No para definir, sino para ver si ajusta. Algunas palabras pasan de largo. Otras no son

tomadas. Y cuando una palabra es tomada, no es porque sea correcta, sino porque el

cuerpo la reconoce como propia en ese momento.

Esto puede verse con claridad en el ejemplo del poeta. Hay una experiencia abierta, algo

implícito que todavía no está dicho. El poeta no busca una palabra para describir algo ya

sabido, sino una palabra que pueda surgir desde ese proceso. La palabra viene del

tanteo, del ajuste con lo implícito. Cuando la palabra encaja, el cuerpo vira. Ese viraje

corporal indica que algo pudo decirse de un modo que permite que la experiencia siga

viviendo.

Las palabras, en estos momentos, no vienen después de la experiencia. No la

representan ni la explican. Son una forma en que la experiencia misma puede continuar.

Por eso no cualquier palabra sirve, y por eso una palabra que no funciona no es un error:

es información. El cuerpo muestra si algo avanza o no.

Cuando una palabra ajusta, el cuerpo cambia. Y ese cambio no es definitivo ni estático. Al

decirlo, algo se mueve, se reorganiza, y el proceso sigue. Esto ocurre porque cuerpo,

palabra y situación están profundamente conectados; funcionan juntas, no una sin la otra
.

En este proceso, el acompañador no está afuera. La situación que ocurre incluye también

nuestra presencia. Eso que se manifiesta en el consultante ocurre porque estamos ahí,

compartiendo ese momento. Somos parte de esa interacción viva.

Por eso la invitación es a ir lento, con pausas, como si supiéramos que hay algo frágil

queriendo brotar. A un brote frágil no se le pone un tutor: se lo dañaría. A veces el silencio

es eso. No una ausencia, sino un cuidado. No empujar, no sostener desde afuera, sino

dejar brotar sin apuro lo que necesita crecer desde sí mismo.

Sembrando Focusing.

Diego Oscar Cuenca 

Counselor

Focusing Profesional

Sesiones online y presenciales

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