La perla perdida: una lectura experiencial desde el Focusing. Versión enfocada
Diego Oscar Cuenca
La perla perdida: una
lectura experiencial desde el Focusing.
Este trabajo propone una lectura del
cuento taoísta "La Perla Perdida" desde la perspectiva del Focusing
desarrollado por Eugene Gendlin. No pretende afirmar una filiación histórica
entre el taoísmo y el Focusing, sino explorar las resonancias que surgen cuando
ambos se ponen en diálogo.
La
Perla perdida
El Emperador Amarillo emprendió un viaje
hacia la zona norte del Agua Roja,
a la montaña de Kwan Lun. Pudo tender la
vista
desde el borde del mundo. De regreso a
su casa
perdió su perla color de noche.
Envió a la Ciencia en busca de su perla,
y nada.
Envió al Análisis a buscarla, y nada.
Envió a la Lógica a buscarla, y nada.
¡Preguntó al fin a la Nada y la Nada la
tenía!
El Emperador Amarillo se dijo entonces:
«Extraño, en realidad: la Nada
que no fue enviada,
que no trató de hallarla,
ella tiene el perla color de noche».
Cuando dejamos de buscar y
empezamos a preguntar: una aproximación experiencial al Focusing
En muchas
ocasiones creemos que pensar más nos permitirá encontrar la respuesta que
buscamos. Sin embargo, hay momentos en los que cuanto más analizamos una
situación, más parece alejarse la claridad. La mente gira una y otra vez sobre las mismas
ideas, intentando resolver aquello que la preocupa. La sensación es similar a la de un perro que
intenta morderse la cola: hay mucho movimiento, pero ningún avance real. Corre
detrás de algo que parece estar fuera de él, cuando en realidad forma parte de
sí mismo. Tal vez el cambio no consista en correr más rápido, sino en
detenerse. Esa pausa puede abrir la posibilidad de advertir algo que ya estaba
ocurriendo. Esta experiencia comenzó a cobrar un nuevo sentido para mí a partir del
encuentro con el Focusing.
Descubrí que, muchas veces, el problema no era la
falta de capacidad para pensar, sino el lugar desde donde intentaba hacerlo.
Cuando
busco una respuesta exclusivamente con la mente, suelo partir de lo ya
conocido: recuerdos, explicaciones, interpretaciones o conclusiones previas.
Todo ello tiene su valor, pero puede dejar fuera algo esencial: aquello que
todavía no encontró palabras.
Gendlin
denomina felt sense a ese sentir corporal global que aún no está
claramente definido, pero que contiene una comprensión implícita de la
situación. No se trata de una emoción aislada ni de una sensación física
cualquiera, sino de una forma en que el organismo está viviendo una situación
completa. Sin embargo, a veces perdemos el contacto con ese sentir, no porque
desaparezca, sino porque solemos vivir tan volcados hacia el análisis que
dejamos de reconocer esa forma silenciosa en que la vida ya está respondiendo
dentro de nosotros. Comprender esto produjo en mí un cambio sencillo y
profundo. Dejé de intentar obtener una respuesta inmediata y empecé a hacer
algo diferente: detenerme para sentir cómo esa situación ya estaba siendo
vivida. En ese momento ya no estoy buscando una respuesta inmediata. Estoy
creando las condiciones para que aparezca algo nuevo.
Aquí
descubrí otra diferencia que hoy considero fundamental: buscar no es lo mismo
que preguntar.
Cuando
busco, suelo hacerlo con una respuesta anticipada. La mente compara, descarta y
vuelve a intentar. Cuando pregunto desde una actitud de Focusing, la pregunta
permanece abierta. No exige una contestación inmediata; permite que el
organismo responda a su propio ritmo.
Esta
espera no es pasividad. Es una forma distinta de actividad, basada en la
confianza de que el proceso vital sabe más de la situación de lo que la
conciencia puede formular en ese instante.
Con
frecuencia, después de permanecer unos momentos junto a ese sentir corporal,
aparece una palabra, una imagen o una frase que produce una sensación de
alivio. No porque resuelva definitivamente el problema, sino porque expresa
algo que antes permanecía implícito. Gendlin llamó a este movimiento carrying
forward (un pequeño paso que hace
avanzar el proceso).
Entonces
comprendí que las palabras pueden hacer mucho más que describir una
experiencia. Cuando surgen desde ese contacto con el sentir corporal,
participan en el proceso mismo. No son simplemente un relato de lo vivido;
ayudan a que la experiencia continúe desarrollándose. Cuando logramos sentirlo estamos ayudando a que
pueda dar un paso adelante. En este
punto resuena una frase de Gendlin que expresa con sencillez esta diferencia:
«Un paso en el cuerpo vale más que mil pasos en la mente». Esta comprensión
transformó también mi manera de escuchar a otras personas. En ocasiones
sentimos el impulso de interpretar, aconsejar o completar rápidamente lo que el
otro intenta decir. Sin embargo, el Focusing propone algo diferente: ofrecer
una presencia que permita a la persona encontrar sus propias palabras. Cuando
esto sucede, no solo cambia el discurso; cambia también la manera en que la
situación es vivida.
Por eso,
cada vez me resulta más evidente que el Focusing no consiste en aplicar una
técnica para resolver problemas. Es, ante todo, una actitud de escucha hacia
ese proceso implícito que el cuerpo ya está viviendo y que espera encontrar una
simbolización adecuada para seguir adelante.
Quizá
todos conocemos esa experiencia de dar vueltas sin cesar alrededor de una
preocupación. Tal vez la salida no consista en pensar cada vez más, sino en
detener por un momento esa búsqueda incesante y formular una pregunta distinta.
No una pregunta dirigida únicamente a la mente, sino también a ese sentir
corporal que acompaña silenciosamente cada situación.
A veces,
el siguiente paso no aparece porque lo estemos buscando con mayor esfuerzo.
Aparece cuando dejamos de perseguirlo y encontramos la disposición para escucharlo
veces creemos que estamos buscando una respuesta. Sin embargo, mirando mi
propia experiencia descubrí que muchas veces lo que buscaba era que
desapareciera la angustia. Corría detrás de una solución con la esperanza de
dejar de sentir aquello que me dolía. Con el tiempo comprendí que esa carrera
formaba parte del problema. Cuanto más intentaba escapar, más se alimentaba la
ansiedad. El cambio comenzó cuando dejé de correr. No porque hubiera resuelto
todo, sino porque apareció otra manera de estar con lo que me ocurría. Y
entonces llegó una sorpresa: aquello que parecía tan enorme... ya no era tanto.
Cuando
dejo de correr detrás de una respuesta, cambia mi manera de estar con lo que me
ocurre. Ese cambio no produce simplemente más tranquilidad; abre un espacio
nuevo. Pero no es un espacio vacío ni algo que hubiera estado allí esperando.
Es un espacio que se va creando con el mismo proceso. Es un espacio vivo, donde
aquello que estaba detenido puede empezar a moverse. Por eso, en mi práctica
clínica, a veces no invito a la persona a encontrar rápidamente una solución.
La invito, antes que nada, a ofrecerle un espacio a eso que está sintiendo para
que pueda ser. Muchas veces, cuando eso ocurre, la experiencia comienza a
encontrar por sí misma un pequeño paso hacia adelante.
Quizá la
perla del cuento nunca estuvo verdaderamente perdida. Tal vez lo que estaba
extraviado era la manera de buscarla. Desde el Focusing podríamos decir que
aquello que necesitamos para dar el siguiente paso no siempre aparece cuando lo
perseguimos con mayor esfuerzo. A veces comienza a mostrarse cuando encontramos
la disposición para detenernos, escuchar y dejar que la experiencia encuentre
sus propias palabras.
Comentarios
Publicar un comentario