Desde lo implícito hacia la confianza del proceso





 Diego Oscar Cuenca

1.     Desde lo implícito hacia la confianza del proceso

Hay experiencias que sabemos que nos están diciendo algo, aunque todavía no podamos decir qué. No son simplemente emociones ni pensamientos. Son una manera en que el cuerpo ya está viviendo una situación completa, antes de que encontremos las palabras.

A veces creemos saber “de qué se trata”, pero cuando intentamos decirlo con precisión, algo no encaja. Las palabras suenan aproximadas, pero el cuerpo no asiente del todo. Esta distancia entre lo que decimos y lo que se siente es un punto central para comprender lo que Eugene Gendlin llamó lo implícito.

Lo implícito no es algo confuso porque falte información. Es vago porque todavía no ha encontrado la forma exacta de decirse.


2.     ¿Qué entendemos por “implícito”?

Una confusión frecuente consiste en pensar que lo implícito es un contenido oculto o reprimido que alguien debe descubrir. Para Gendlin ocurre exactamente lo contrario. Lo implícito no es un objeto escondido dentro de la persona, sino el modo en que el cuerpo ya está viviendo una situación completa, aunque todavía no pueda decirla. Por eso no se accede a él apresurando explicaciones, sino creando las condiciones para que pueda desplegarse desde la experiencia. Esta comprensión de lo implícito atraviesa la obra filosófica de Gendlin (1997)

3. La vaguedad no es un defecto

En nuestra cultura solemos desconfiar de lo vago. Sin embargo, para Gendlin, la vaguedad inicial es una condición necesaria del proceso. Lo implícito aparece primero como un sentido corporal que incluye mucho más de lo que podemos pensar o nombrar de inmediato.

. La vaguedad no es un vacío de sentido; es un exceso de sentido todavía no simbolizado (Gendlin, 1997).

 

El cuerpo ya está viviendo mucho más de lo que todavía puede decir. Esa totalidad implícita es la manera en que la situación completa está siendo vivenciada. El error frecuente es intentar apresurar el proceso, forzando una explicación o una interpretación prematura. Cuando eso ocurre, el cuerpo suele responder con una sensación de “no es eso”, aunque no sepamos todavía qué sería lo correcto.

 

 


4. El focusing como pasaje hacia la precisión implícita

El focusing no busca eliminar la vaguedad, sino permanecer con ella de un modo particular. Esto implica:

·       Detenerse en la sensación sentida. Gendlin (1981)

·       Evitar explicarla demasiado rápido.

·       Formular preguntas que no empujen, sino que inviten.

Poco a poco, si el proceso avanza, algo comienza a cambiar. No porque pensemos mejor, sino porque el cuerpo empieza a responder con pequeños pasos de ajuste.

Cuando aparece una palabra, una imagen o una frase que encaja, el cuerpo lo señala con una sensación de alivio o de "sí". Gendlin (2012) denomina a este tipo de ajuste experiencial "precisión implícita".

La precisión implícita no es una definición perfecta, sino un decir que funciona, que permite que el proceso continúe.


5. La validez corporal como criterio

Una consultante llega diciendo que siente una angustia difícil de explicar. Al invitarla a detenerse en cómo se siente todo eso en su cuerpo, hace una pausa. Luego dice: "Es como un fuego que quema acá". Permanecemos unos instantes con esa imagen y le pregunto ¿cómo es ese fuego? Después de otro silencio responde: "Es una llama que quiere arrasar con todo". En ese momento ya no estaba hablando sobre su angustia; estaba hablando desde ella. Apenas pronuncia esas palabras, suspira profundamente y agrega: "Ahora la siento distinta... como si estuviera bajando". No fue una interpretación la que produjo el cambio, sino el hecho de encontrar una formulación que el cuerpo reconoció como propia.

 


6. La confianza que nace del proceso

Hasta aquí hemos visto que el cuerpo puede encontrar una formulación que le permite seguir adelante. Esa experiencia modifica algo tanto en el consultante como en quien acompaña. La confianza no aparece como una decisión voluntaria ni como una actitud optimista; nace de comprobar, una y otra vez, que el proceso vivo continúa implicando un siguiente paso, lo que Gendlin (1997) denomina carrying forward.

¿En qué confiamos, entonces?

No confiamos en una técnica.

 Tampoco en nuestra capacidad para interpretar lo que le ocurre al otro.

Confiamos en que el proceso de vivir continúa implicando un siguiente paso.

Cuando un consultante llega sintiéndose "trabado", el objetivo no es sacarlo rápidamente de ese lugar. Más bien, lo invitamos a tomar contacto con esa sensación de estar trabado. Esa diferencia es fundamental. No buscamos reemplazar la experiencia por una explicación, sino favorecer un encuentro con ella. Muchas veces, al permanecer unos instantes junto a esa sensación sentida, el cuerpo comienza a mostrar matices, imágenes o palabras que antes no aparecían. No porque el acompañante las haya producido, sino porque el propio proceso encontró una forma de seguir desplegándose.

Es en ese momento cuando también cambia el acompañante. Poco a poco deja de sentir que debe producir respuestas o encontrar rápidamente la intervención correcta. En su lugar, aprende a acompañar la emergencia de las respuestas que nacen del propio proceso del consultante.

Esa transformación también modifica la manera de escuchar. El acompañante ya no escucha solo con la mente; permanece atento a su propia resonancia corporal y puede ofrecer, con cautela, alguna formulación para que el consultante compruebe si resuena o no con su sensación sentida. La intención no es interpretar, sino abrir un espacio para que el proceso continúe.

Del mismo modo, el consultante descubre que puede apoyarse en su experiencia corporal. No porque alguien le haya dicho que confíe en ella, sino porque es la propia experiencia la que le muestra, una y otra vez, que cuando encuentra una formulación adecuada, algo en su cuerpo cambia y el proceso puede continuar.

Por eso, no es que la confianza permita tomar contacto con lo implícito. Muchas veces ocurre exactamente al revés: es el primer contacto vivo con lo implícito el que hace nacer la confianza. Con el tiempo, tanto el consultante como quien acompaña descubren, por experiencia, que el proceso vivo suele ir un poco más adelante que la comprensión de ambos.   

 

7. Cuerpo, lenguaje y situación

Desde esta perspectiva, el cuerpo no es un contenedor de emociones ni un objeto biológico aislado. El cuerpo es el lugar donde la situación completa está siendo vivida implícitamente

El lenguaje no traduce algo que ya estaba claro, sino que participa activamente en el despliegue de lo implícito. Cuando el lenguaje encuentra una formulación que realmente encaja, cambia también la manera en que el cuerpo vive esa situación. Cada palabra que encaja permite que la situación se reorganice y continúe.

Así, cuerpo, lenguaje y situación no son tres elementos separados, sino aspectos de un mismo proceso vivo (Gendlin, 1997).


 

8. Para cerrar

La precisión no se impone; emerge cuando el proceso encuentra las condiciones para seguir adelante. Confiar en lo implícito no significa esperar pasivamente, sino aprender a acompañar el modo en que la experiencia busca su propia formulación. Cada palabra que realmente encaja no solo aclara algo: transforma la manera en que esa situación puede seguir viviéndose. Quizá esa sea una de las enseñanzas más profundas del Focusing: descubrir por experiencia que el proceso vivo suele ir un paso por delante de nuestra comprensión.

  Bibliografia

 Gendlin, E. T. (1981). Focusing. New York: Bantam Books.

Gendlin, E. T. (1997). A Process Model. New York: The Focusing Institute.

Gendlin, E. T. (2012). Implicit Precision. En Z. Radman (Ed.), Knowing Without Thinking: Mind, Action, Cognition and the Phenomenon of the Background. Basingstoke: Palgrave Macmillan.

 

 

 

 

 

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Acercamiento a la precisión implícita

Acompañar el proceso vivo: cuerpo, palabras y situación

De lo vago a la precisión implícita