Acompañar en focusing: ayudar a mirar el propio río
Acompañar en focusing: ayudar a mirar el propio río
Hoy me doy cuenta de que acompañar en focusing es estar presente y atento a lo que está vivo en mí y en el otro.
A veces aparecen ganas de hacer.
A veces aparece la técnica, el método.
Y eso, a veces ayuda… y otras interrumpe.
Por eso hay algo muy importante:
estar atento a eso fino que aparece detrás de todo discurso.
Incluso detrás de lo que ya se siente “sentido”.
Es como si el acompañar necesitara una sensibilidad especial,
una especie de “radar” que capta eso que no está del todo dicho,
eso latente, implícito, que suele manifestarse de forma vaga.
A veces aparece como una palabra que guía.
A veces como algo apenas perceptible.
Y también están los saltos:
la mente que se va, el no permanecer.
Ahí puede aparecer el impulso de querer traer de vuelta, de hacer algo.
Pero eso, muchas veces, es poco sutil… incluso cansa.
Tal vez el gesto es otro.
Más cercano a una postura tranquila, casi como acompañar un río.
El río fluye solo.
A veces con turbulencias.
A veces calmo.
Si lo miramos, vemos cosas pasar:
troncos, formas… historias.
Pero más allá de eso, lo importante es el fluir.
En las personas pasa algo parecido:
más allá de lo que cuentan, hay un fluir de sensaciones.
Y algunas de esas sensaciones se sienten importantes.
Acompañar es ayudar a que eso pueda ser mirado.
Porque en la vida muchas veces vamos al lado del río…
pero mirando hacia otro lado.
Acompañar, entonces, es eso:
ayudar a la persona a mirar su propio río.
Este texto surge de una experiencia directa en focusing, como algo vivido más que pensado.
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